Después de un rato… decidí responder:
“Estoy bien.
Por primera vez en muchos años… estoy bien.
No soy su sirvienta.
Soy su madre.
Y ahora…
voy a empezar a vivir mi vida.”
🌅 Epílogo
Hoy tengo 69 años.
Trabajo en una pequeña cafetería cerca del mar.
No gano mucho…
pero es mío.
Conozco gente nueva.
Hablo.
Río.
Descanso cuando quiero.
Vivo como quiero.
Y aprendí algo que me cambió para siempre:
El amor no es sacrificio eterno.
El amor verdadero… también es respeto.
Y a veces…
amarte a ti misma
no es egoísmo…
es el acto más valiente que puedes hacer.