Miles Redwood, el “niño de oro” de las portadas económicas y el multimillonario del que todo el mundo hablaba ese año, repasaba en su tableta la lista digital de invitados de la Gala Atlantic Sovereign. Para él no era una simple fiesta: era la noche que debía consolidar su reputación, su influencia y su imagen pública.
Por eso, sin parpadear, tomó una decisión que ni siquiera se molestó en disimular: borró el nombre de su esposa, Lidia, del listado.
—No debería estar ahí —le dijo a su asistente con una frialdad calculada—. Es demasiado… normal. No entiende lo que significa la proyección. Esta noche va de estatus y de apariencia.
En su cabeza, Miles se veía a sí mismo “protegiendo” su marca personal. Imaginó a Lidia tal como la había visto tantas veces en casa: ropa cómoda, manos manchadas de tierra por el jardín, esa tranquilidad que a él le parecía fuera de lugar entre flashes, diamantes y sonrisas ensayadas.
Y, en consecuencia, decidió aparecer con Brielle Knox en su lugar: una modelo deslumbrante, ambiciosa, experta en posar ante cámaras y en moverse con soltura entre gente poderosa.
- Miles ordenó retirar el nombre de Lidia del evento.
- Insistió en que no se le permitiera el acceso si intentaba entrar.
- Eligió a una acompañante “más adecuada” para su estrategia de imagen.
—Elimínala —remató—. Y si intenta pasar, que seguridad la detenga.
⏬️⏬️ continúa en la página siguiente ⏬️⏬️